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¡El Surgimiento de las Empresas de Seguridad y el padrinazgo
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De acuerdo al documento "Diagnóstico sobre Seguridad Privada en Centroamérica", el surgimiento de las empresas de seguridad privada, no se puede desligar de lo que se conoció como la “época fría” o “década de los ochenta” y con lo que se desencadenó el lucrativo negocio que representa para sus propietarios, las empresas privadas de seguridad en Honduras.

El estudio realizado por la Fundación Arias en el 2003 dice que en los años 80 se acrecentó la violencia en lo interno de la sociedad hondureña.

La amenaza de la seguridad del Estado por la revolución Sandinista en Nicaragua y la presencia guerrillera del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador, más los brotes de subversión en Honduras, dieron paso a una carrera armamentista, sobre todo en lo interno de las Fuerzas Armadas, aumentando en más de un cincuenta por ciento el gasto militar entre 1980 y 1990, cita el documento.

El imperativo de financiar la subversión, dio lugar a que se desencadenara una ola criminal dirigida, primordialmente, a obtener recursos para las actividades de la guerrilla en la región. En esa época, surgió además, una ola de secuestros perpetrados por grupos guerrilleros que tomaban sobre todo, como víctimas a los empresarios y a sus familiares, a las casas de valores y a la banca privada, de acuerdo al análisis.

Lo anterior repercutió en la necesidad de brindar una respuesta a la seguridad de los sectores de poder de Honduras. Es aquí donde se ponen en boga los servicios de escoltas y guardias privados, puestos ocupados en su mayoría por ex militares o ex agentes policiales, señalan.

Precediendo y dando vida al lucrativo negocio de la seguridad privada en Honduras, surgen también los “convenios de servicios” entre la banca privada y la entonces, Fuerza de Seguridad Pública (FUSEP), órgano dependiente de las fuerzas armadas, a través de lo que se conoció como Escuadrón de las Fuerzas Especiales, colocando con ello a la institución castrense, como el principal oferente de este servicio en el país, dice el diagóstico.

Aunque por nadie son desconocidas las millonarias ganancias que recibieron las Fuerzas Armadas, por concepto de servicios de seguridad privada durante esa época, estimaciones aproximadas presumen que alrededor de unos 300 millones de lempiras entraron a sus arcas en los casi ocho años que brindaron seguridad privada al país, sin que esos recursos financieros generados, se utilizaran para el mejoramiento policial, de acuerdo a lo que estipulaba el Artículo No. 6 de su Ley Constitutiva, que le atribuía la función exclusiva de ejercer la vigilancia privada en el país, dice la Fundación Arias en su investigación.

En 1996 con el decreto número 229-96 emitido el 17 de diciembre, la policía fue traspasada del mando militar al civil, con ello las Fuerzas Armadas pierden el control, no solo sobre la policía Nacional, sino también sobre lucrativo negocio de la seguridad privada en el país.

Con la reducción de personal sufrida por las Fuerzas Armadas entre 1987 y 1995, estimada en unos 3 mil soldados y oficiales que pasaron a situación de retiro, y con la cesanteada de más de 400 agentes de investigación que laboraron en la desaparecida Dirección Nacional de Investigación (DNI), florece aun más la seguridad privada, pues la mayoría de esos militares y policías encontraron fácil cabida en el negocio, según cita la fuente.

¿Quién las regula en la actualidad?

Es en 1998 que a través de la Ley Orgánica de la Policía, se comienza a regular el marco legal de las empresas privadas de seguridad, mediante la aprobación del Decreto Legislativo número 156-98 del 28 de mayo del mismo año.

En su Título IV, de los Servicios Privados de Seguridad, la L ey de la Policía establece los parámetros bajo los cuales se autoriza la operación de los servicios privados de seguridad. De igual forma designa a la Dirección General de Servicios Especiales como la instancia encargada de llevar el registro y extender licencias a las empresas de seguridad.

Danilo Amaya
Danilo Amaya, Coordinador de las empresas privadas de seguridad de la Secretaría de Seguridad.

Sin embargo y pese a que desde 1998 existe un mecanismo de regulación, es hasta en febrero del año 2003, cuando las empresas privadas de seguridad comienzan a inscribirse y a pagar al Estado por el rubro, asegura Danilo Amaya, Coordinador de las empresas privadas de seguridad de la Secretaría de Seguridad.

“Antes de febrero del año pasado no se hacía nada, no se rendía tributo a nadie, precisamente por eso nos ha costado un poquito, porque la gente ya estaba acostumbrada a que nadie la regulara”. Según registros, en el país operan más de 200 empresas de seguridad, las que según el artículo 95 de la ley de Policía, tienen que pagar la cantidad de 100 mil lempiras por la emisión de la licencia de operación, además el pago de 10 lempiras como canon anual y 20 lempiras anuales por cada guardia de seguridad autorizado al 31 de diciembre de cada año.

Una vez cancelado el costo, la licencia de operación se extiende por tiempo indefinido, sin embargo y no obstante al esfuerzo realizado por esta dependencia, existe en el país empresas de seguridad fantasma que operan sin su respectivo registro, “consideramos que algunas no han continuado el proceso y tendrán que cerrarse, estaríamos hablando de al menos unas ocho”, aseguró Amaya, pese a que se presume que ese número es mayor.

Andres Pavon
Presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, Andrés Pavón.

Para el presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras, Andrés Pavón, la Ley de Policía no es suficiente para regular a las empresas de seguridad.

“Están trabajando de manera arbitraria, yo diría que esas empresas son ilegítimas pese a que la Secretaría de Seguridad les otorga un permiso, ese permiso está fuera del marco legal porque hace falta un reglamento”.

Otro de los estipulados de la ley que el defensor de los Derechos Humanos cuestiona es el que establece que el número total de guardias de seguridad de las empresas de seguridad no debe sobrepasar el 15 por ciento del total de los miembros activos de la policía. “Yo creo que eso puede andar en unos 150 miembros o empleados o quizás menos, pero aquí hay empresas que se han organizado de tal forma que son cuatro personerías jurídicas, pero de la misma persona, entonces talvéz tienen 800 en una, 500 en otra, no hay ninguna regulación que logre marcar ese asunto”, agregó.

Grandes Ganancias vrs. míseros beneficios

Durante años no existió ningún órgano contralor de las empresas de seguridad, desde los inicios de este negocio, se generaron y se siguen generando millonarias ganancias a quienes viven de este rubro, sin embargo, una de las demandas más frecuentes que se escuchan entre el personal que labora como guardia de seguridad, es el raquítico sueldo que perciben por su trabajo.

El salario de un guardia de seguridad de acuerdo al decreto 012-04 del 2 de abril del 2004, emitido por Secretaría de Trabajo y Seguridad Social, es de dos mil trescientos veinte lempiras (L.2, 320.00), sin embargo con el incumplimiento del pago total devengado, los guardias de seguridad perciben una cantidad menor de la pactada.

Paradójicamente, los guardias de seguridad que exponen sus vidas en sus puestos de trabajo, no cuentan con un seguro que beneficie o indemnice económicamente a sus familias en caso de muerte.

Mary Isabel Salgado
Mary Isabel Salgado es guardia de seguridad de la empresa Servicios de Seguridad Lempira, SERSEL.

Mary Isabel Salgado es guardia de seguridad de la empresa Servicios de Seguridad Lempira, SERSEL; a las siete de la mañana se le puede encontrar muy amable y atenta en la Secretaría de Salud, instancia gubernamental, donde presta su servicio de vigilancia.

Ella asegura que en su empresa todo está en orden, sin embargo dice, “nosotros como vigilantes merecemos un seguro de vida, porque nosotros estamos arriesgando nuestras vidas, el servicio de guardia de seguridad es bien delicado, porque uno trata con todo tipo de personas y hay personas que son tranquilas y hay soberbias que hasta tratan de pegarle y si es posible hasta de matarlo y uno puede perder hasta la vida y talvéz por nada”.

Para Amaya, el problema radica en la sub valoración que se hace al trabajo de seguridad, incluyéndose su pago dentro de la categoría de salario mínimo, “¿qué sería lo apropiado?”, se pregunta, mientras el mismo responde, “que se haga un esfuerzo y que todos los empleados tengan un seguro de vida, pero eso no lo podemos imponer a las empresas”.

La pregunta obligada que sobra es, ¿entonces quién lo hará?


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