Aunque se imponen con sus atuendos, detrás de esos rostros, unos serios, otros tristes y hasta acongojados, los guardias de seguridad esconden tras su uniforme una triste y cruda realidad que pocos conocen y que muchos prefieren ignorar.
Muy puntual en su trabajo y habiendo o no recuperado
el sueño que le quita el custodiar durante
24 horas contínuas las instalaciones de la Empresa
Nacional de Energía Eléctrica, ubicada
en las faldas del cerro Juan A. Lainez, se presenta
cada mañana José Antonio Pérez.
José Antonio, de 53 años de edad,
es padre de cinco hijos; Dulce Milagro de 6, Omar
Alexander de 9, Aidé Marina de 11 y Wendy
Vanesa Pérez
de 15 años de edad y junto a su esposa Rosa
Feliciano, conviven en una humilde vivienda en la
colonia 3 de Mayo de Tegucigalpa pagando por ella
mil lempiras mensuales (L. 1,000.00),($. 54.34.00)
Hace casi dos años, Pérez comenzó a
laborar como guardia de seguridad para la empresa
Delta Security Services, devengando la cantidad de
dos mil 662 lempiras ( L.
2,662.00), ($145.21 Dólares), sin embargo,
cansado de esperar un cambio de conducta de sus patronos,
decide denunciar los múltiples vejámenes
que él
y sus compañeros reciben de parte de la empresa
en mención.
Con la copia de los recibos de pago en mano, dijo
que desde que comenzó a laborar para la empresa,
“ellos me agarraban poco
y yo no les decía nada, allá la conciencia
de ellos, verdad”, haciendo alusión al hecho
de que la mayor parte de sus pagos están incompletos
sin que hasta la fecha se le brinde una explicación
del por qué las cantidades deducidas .
“A mi no me parecen, (las deducciones), pero usted sabe que uno lo hace por necesidad y yo soy un guardia de los mejores, no es por decir que estoy presente, pero ellos me lo han dicho, en mi presentación, yo camino como policía”, manifiesta Pérez, pues asegura que el haber sido cabo de policía y miembro de la guardia de honor durante las administraciones de los presidentes, Roberto Suazo Córdova, Carlos Roberto Reina y Carlos Flores, le da la experiencia que su trabajo amerita.
Aclarando que la empresa no se los proveyó,
a Pérez siempre le acompañan, un silbato,
un pasa montañas, un yatagán, una macana
y unas esposas o “chachas”, " los compré para
requerir a alguien en alguna anomalía, mientras
llega la policía”, pues asegura que con esos
aperos puede desempeñar mejor su labor.
Sin embargo esa dedicación y esmero que le
impregna a su trabajo parece no importarle a sus
patronos, pues Pérez aún continúa esperando
los mil lempiras que Delta Security le adeuda por
el pago del décimo cuarto mes de salario, “ahora
son mil lempiras, mil lempiras duelen, verdad y usted
sabe que uno tiene familia y todo eso verdad, tiene
que pagar la vivienda y a uno no le dan nada fiado”.

José Antonio Pérez. |
Pero el rosario de denuncias no finaliza con lo
anterior, “nos quitan 20 lempiras del traslado de
La Ceiba a acá del pago del cheque, sí nos
quitan porque nosotros pagamos en el banco 20 lempiras
de giro, usted sabe 20 lempiras entre todo el personal
que habemos es una milería de pisto”.
Pérez no sabe si la deducción de los 20 lempiras está dentro del reglamento de trabajo de la empresa o dentro del contrato de trabajo, que no recuerda haber firmado, pero si está seguro que aunque para algunas personas la cantidad de 20 lempiras es algo irrisorio, para él y su familia, ese dinero ayudaría en la compra de tortilla y sal.
“Ya ve, por un milagro, hay veces que yo voy a trabajar sin comer y estar 24 horas sin comer, mis compañeros me dicen que me voy a morir y yo lo hago por necesidad y para no andar de empresa en empresa”.
Pese a que un guardia con el arma en sus manos irradia seguridad, Pérez dice que esa es otra de las situaciones que las autoridades deberían supervisar, “no disparan o sea que son armas malas, pueden ir donde nosotros y hacer una inspección y usted la puede disparar y no dispara”, dice Antonio agregando además que “nos cobran el proyectil, digamos que en un caso de emergencia, una sospecha ahí, que alguien se quiera introducir a donde estamos nosotros, le hacemos disparos, ese disparo tenemos que pagarlo”.
Aunque no por experiencia propia, Pérez aseveró que
una oportunidad creyendo que malhechores merodeaban
en su trabajo, un compañero suyo hizo un disparo
por el cual tuvo que pagar 50 lempiras, pues todo
fue falso.
Consciente de las repercusiones que sus declaraciones
a Revistazo.com podrían traerle, Pérez
confía en que aunque Delta Security Services
lo despida, le dará sus derechos laborales
y se dejará sentado un precedente que podría
cambiar las condiciones de trabajo, quizás
para él y sus compañeros.
“Me gusta mi trabajo, no la injusticia”, finalizó diciendo.