Ultima actualización Jueves 2 Diciembre, 2004 3:32 PM
 
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Asegura empleado de Delta Security Service
“Me gusta mi trabajo, no la injusticia”
José Antonio Pérez.
José Antonio Pérez cuida las instalaciones de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica ubicada en las faldas del cerro Juan A. Lainez.
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Aunque se imponen con sus atuendos, detrás de esos rostros, unos serios, otros tristes y hasta acongojados, los guardias de seguridad esconden tras su uniforme una triste y cruda realidad que pocos conocen y que muchos prefieren ignorar.

Muy puntual en su trabajo y habiendo o no recuperado el sueño que le quita el custodiar durante 24 horas contínuas las instalaciones de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, ubicada en las faldas del cerro Juan A. Lainez, se presenta cada mañana José Antonio Pérez.

José Antonio, de 53 años de edad, es padre de cinco hijos; Dulce Milagro de 6, Omar Alexander de 9, Aidé Marina de 11 y Wendy Vanesa Pérez de 15 años de edad y junto a su esposa Rosa Feliciano, conviven en una humilde vivienda en la colonia 3 de Mayo de Tegucigalpa pagando por ella mil lempiras mensuales (L. 1,000.00),($. 54.34.00)

Hace casi dos años, Pérez comenzó a laborar como guardia de seguridad para la empresa Delta Security Services, devengando la cantidad de dos mil 662 lempiras ( L. 2,662.00), ($145.21 Dólares), sin embargo, cansado de esperar un cambio de conducta de sus patronos, decide denunciar los múltiples vejámenes que él y sus compañeros reciben de parte de la empresa en mención.

Con la copia de los recibos de pago en mano, dijo que desde que comenzó a laborar para la empresa, “ellos me agarraban poco y yo no les decía nada, allá la conciencia de ellos, verdad”, haciendo alusión al hecho de que la mayor parte de sus pagos están incompletos sin que hasta la fecha se le brinde una explicación del por qué las cantidades deducidas .

“A mi no me parecen, (las deducciones), pero usted sabe que uno lo hace por necesidad y yo soy un guardia de los mejores, no es por decir que estoy presente, pero ellos me lo han dicho, en mi presentación, yo camino como policía”, manifiesta Pérez, pues asegura que el haber sido cabo de policía y miembro de la guardia de honor durante las administraciones de los presidentes, Roberto Suazo Córdova, Carlos Roberto Reina y Carlos Flores, le da la experiencia que su trabajo amerita.

Aclarando que la empresa no se los proveyó, a Pérez siempre le acompañan, un silbato, un pasa montañas, un yatagán, una macana y unas esposas o “chachas”, " los compré para requerir a alguien en alguna anomalía, mientras llega la policía”, pues asegura que con esos aperos puede desempeñar mejor su labor.

Sin embargo esa dedicación y esmero que le impregna a su trabajo parece no importarle a sus patronos, pues Pérez aún continúa esperando los mil lempiras que Delta Security le adeuda por el pago del décimo cuarto mes de salario, “ahora son mil lempiras, mil lempiras duelen, verdad y usted sabe que uno tiene familia y todo eso verdad, tiene que pagar la vivienda y a uno no le dan nada fiado”.


José Antonio Pérez.

Pero el rosario de denuncias no finaliza con lo anterior, “nos quitan 20 lempiras del traslado de La Ceiba a acá del pago del cheque, sí nos quitan porque nosotros pagamos en el banco 20 lempiras de giro, usted sabe 20 lempiras entre todo el personal que habemos es una milería de pisto”.

Pérez no sabe si la deducción de los 20 lempiras está dentro del reglamento de trabajo de la empresa o dentro del contrato de trabajo, que no recuerda haber firmado, pero si está seguro que aunque para algunas personas la cantidad de 20 lempiras es algo irrisorio, para él y su familia, ese dinero ayudaría en la compra de tortilla y sal.

“Ya ve, por un milagro, hay veces que yo voy a trabajar sin comer y estar 24 horas sin comer, mis compañeros me dicen que me voy a morir y yo lo hago por necesidad y para no andar de empresa en empresa”.

Pese a que un guardia con el arma en sus manos irradia seguridad, Pérez dice que esa es otra de las situaciones que las autoridades deberían supervisar, “no disparan o sea que son armas malas, pueden ir donde nosotros y hacer una inspección y usted la puede disparar y no dispara”, dice Antonio agregando además que “nos cobran el proyectil, digamos que en un caso de emergencia, una sospecha ahí, que alguien se quiera introducir a donde estamos nosotros, le hacemos disparos, ese disparo tenemos que pagarlo”.

Aunque no por experiencia propia, Pérez aseveró que una oportunidad creyendo que malhechores merodeaban en su trabajo, un compañero suyo hizo un disparo por el cual tuvo que pagar 50 lempiras, pues todo fue falso.

Consciente de las repercusiones que sus declaraciones a Revistazo.com podrían traerle, Pérez confía en que aunque Delta Security Services lo despida, le dará sus derechos laborales y se dejará sentado un precedente que podría cambiar las condiciones de trabajo, quizás para él y sus compañeros.

“Me gusta mi trabajo, no la injusticia”, finalizó diciendo.


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