José Leonardo Miranda
"Mi captura fue algo bastante terrible"


José Leonardo Miranda

Recuerda su captura como algo "bastante terrible". El es José Leonardo Miranda Espinoza, un hombre de 42 años de edad, agricultor, celebrador de la palabra y dirigente del COPINH en su comunidad: Montaña Verde.

"Fue algo bastante terrible", insiste Leonardo cuando le pedimos recordar lo sucedido la noche del 8 de enero del 2003, cuando junto a su hermano Marcelino fueron capturados en un operativo policial a todas luces ilegal, realizado en horas inhábiles: de las 12 de la noche a las 6 de la mañana.

"Cuando llegaron los policías, estábamos durmiendo porque eran las 12 de la noche. Fue terrible, uno solo piensa en la muerte, se agarra de Dios", expresa.

"Ahorita me siento mal, he quedado como dañado por dentro, enfermo, siento dolor en la cabeza, en la espalda, el pecho, todo el cuerpo me duele, hasta los pies, de los golpes que me pegaron. Fue una gran golpiza", dice Leonardo, a quien la policía acusa de ser el responsable de causar lesiones a dos de sus miembros durante el operativo.

"Eso es una mentira, nosotros no teníamos armas, no pudimos entonces disparar contra los policías. Las únicas armas que tenemos son las que se utilizan para trabajar, el machete, el azadón, el hacha. Nosotros no tenemos nada, somos gente pobre. Ustedes pueden ir a la comunidad para ver, uno solo trabaja para mantenerse no para comprar armas porque no hay necesidad".

También niega que integren bandas de asaltantes como les acusan sus detractores. "Es una mentira, nosotros somos honrados", expresa con énfasis.

El indígena considera que el origen de todo el conflicto "es por la tierra, la lucha de la tierra. Nosotros luchamos por el derecho de la tierra, pero los terratenientes nos las quieren quitar".

Menciona dos familias: los Cálix y los Urtecho. Dicen que son miembros de estas poderosas familias de la zona quienes se quieren apoderar de sus tierras. Tierras en las que nacieron ellos, sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos... y en las que se dedican a trabajar, a sembrar maíz, frijoles.

Montaña Verde es una pintoresca zona sobre la cual se establecieron las comunidades de Planes y donde viven unas 800 personas, la mayoría niños y niñas.

Un operativo sorpresivo
Dijo que el día de su captura, los policías llegaron disparando por todos lados, tirando bombas lacrimógenas, nos allanaron las casas pero no entregaron ninguna orden de allanamiento. Cobras y policías fueron los encargados de realizar el operativo. Del Juzgado no se presentó nadie.

Cuando escuchó los disparos Leonardo pensó que los terratenientes iban a desalojarnos porque ya lo habían dicho varias veces. Todo estaba oscuro. Eran las 12 de la noche.

Yo me escondí bajo mi cama y me entregué hasta las seis de la mañana, cuando ya la luz del día estaba en todo su esplendor con el propósito de que lo identificaran sus familiares y vecinos. "Creo que si hubiera salido antes de las seis de la mañana me hubieran matado".

Salió ante las amenazas de que si no lo hacía le metían fuego a la casa.

Entonces me agarraron a golpes indiscriminadamente. Me quemaban detrás de la oreja con colillas de cigarro. Me metían la cabeza en la quebrada (del Mango). Querían que me responsabilizara de los delitos que ahora me acusan, dice.

Explica también que él no sabe en que momento salieron heridos los policías. Aunque sí puede asegurar que la balacera era de afuera para adentro. "Yo no tenía armas".

Somos inocentes
Leonardo demanda en cada palabra y gesto su inocencia. "De todo lo que nos acusan es porque quieren que nosotros estemos presos, pero no debemos ningún delito".

Dice que las tierras de Montaña Verde son óptimas para la siembra del grano de café, y que esa es la principal atracción de los terratenientes de la zona que se dedican a este rubro.

Cuenta que un miembro de la familia Urtecho pretende 80 manzanas para iniciar la siembra del grano, y eso ha agudizado el problema pues los nativos del lugar tratan de impedir a toda costa su avance. "Él tenía chapiadas 80 manzanas ya", dice.

Los indígenas no identifican plenamente a quienes pretenden sus tierras. Son muchos, hombres de las familias más poderosas del sector, dicen. De las familias Cálix Urtecho, señalan.

Volverá a su comunidad
Leonardo dice que no teme regresar a su hogar a pesar de las constantes amenazas contra su vida. No tengo otro lugar adonde ir. Voy a volver a la comunidad a trabajar nuevamente, dice.

También dice que luchará su derecho a la tierra por el tiempo que Dios nos de vida y demanda del gobierno "que nos ayude, que nosotros estamos por la tierra".

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