LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA QUE
EL PUEBLO DEMANDA Y EL PAÍS NECESITA

Por: Ernesto Paz Aguilar

Conviene tener presente que el punto de partida del proceso de reforma judicial que experimenta nuestro país, se encuentra en el Informe Especial del Comisionado de los Derechos Humanos sobre "La necesidad de proteger la independencia judicial" (06-04-00), cuyo objetivo fundamental es dotar al país de un Poder Judicial independiente, profesional e imparcial.

Sustancialmente, se trata de ponerle fin a un sistema de casi un siglo de vigencia que produjo, en la mayoría de los casos, inseguridad jurídica, impunidad, corrupción y falta de imparcialidad. Se aspira sustituir un procedimiento, en el cual, la elección de los magistrados del Tribunal Supremo ha sido el producto de oscuras negociaciones entre las cúpulas de los partidos políticos y los grupos de interés, donde ha privado el interés particular sobre el interés general.

Entonces, para evitar que el sistema judicial colapsara totalmente, el comisionado propuso una operación de salvataje institucional, mediante el establecimiento de un "régimen de autogobierno de la magistratura bajo la dirección y exclusiva competencia de un Consejo General del Poder Judicial y de sus órganos inspectores... e instaurar un sistema de ingreso a la carrera judicial libre de injerencias políticas y rigurosamente técnico, que asegure el derecho de toda persona a acceder a las funciones públicas en condiciones de igualdad y conforme a su capacidad, méritos y formación moral".

Las reformas aprobadas no van exactamente en la dirección propuesta por el comisionado, pero éste tiene el mérito de haber puesto la primera piedra en la nueva arquitectura institucional del sistema de justicia del país. Las reformas propuestas fueron apoyadas por la Iglesia Católica, el empresariado nacional y algunas organizaciones de la sociedad civil. Seguidamente, el Poder Ejecutivo tomó la iniciativa de conformar una comisión de notables que elaboró un documento que sirvió de base a las mencionadas reformas. Finalmente, el Congreso Nacional estableció las normas y los procedimientos para la elección de los candidatos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Nuestro país, Honduras, vive un proceso de transición de una democracia representativa hacia una democracia más participativa. En ese sentido, quizás el rasgo definitorio de esta nueva etapa, sea la creciente participación de la sociedad civil en la conducción de los destinos de la nación.

Estamos pues, en presencia de un proceso de transferencia parcial de un poder del Estado, que históricamente han controlado y manipulado las cúpulas de los partidos políticos, o un conjunto de organizaciones no electivas de la sociedad civil. En pocas palabras, según la reforma en marcha, la sociedad civil hace la selección y el poder político hace la elección.

El proceso de selección, que debería significar también evaluación de los candidatos, es el que genera mayores preocupaciones porque no se dispone ni de la voluntad, ni de mucho tiempo para elaborar las normas básicas que deben orientar el mismo.

De igual manera, las instituciones y organizaciones que conforman la Junta Nominadora corren el riesgo de caer en la politización sectaria y seleccionar a personas que sean afines a sus intereses particulares. Así las cosas, los candidatos podrían nacer con el sello de la improvisación producto de la precipitación.

Como sabemos, la selección la harán siete instituciones u organizaciones, las cuales elegirán a un representante ante la Junta Nominadora y elaborarán una lista de veinte candidatos a magistrados. El presidente del Congreso convocará a la junta de referencia y seleccionarán 45 candidatos de una nómina de 140, antes de la instalación del nuevo Congreso Nacional. Finalmente, el pleno de la cámara elegirá por una mayoría de dos tercios a los quince magistrados.

El tren de las reformas avanza en la dirección correcta, pero existen muchos peligros y no pocas dificultades que pueden truncar las legítimas aspiraciones del pueblo, porque en nuestro país abundan compatriotas que sus ambiciones no conocen límites y no tienen conciencia de sus limitaciones. Por ello, es necesario que las personas que aspiran a tales cargos se hagan un examen de conciencia y se interroguen si ellos son parte del problema o de la solución. Si representan un pasado con el que se quiere romper o un futuro que hemos decidido construir.

En tal sentido, es útil recordar que los funcionarios a elegir, además de llenar los requisitos formales, deben ser juristas con credenciales morales y éticas irreprochables y tener las manos limpias de actos de corrupción o de represión.

En fin, es indispensable tener las manos limpias, pero sería mejor que esas manos limpias no estén vacías, vacías de obras técnicas y académicas (libros, trabajos de investigación o artículos especializados).

En definitiva, el país necesita una Corte Suprema de Justicia integrada por los mejores hombres y mujeres con la mejor hoja de vida profesional y académica, estudiosos, justos, honestos y experimentados, dotados de independencia de criterio y libertad de espíritu.

Al Supremo Hacedor del Universo le pedimos que ilumine a los miembros de la Junta Nominadora y a los diputados al Congreso Nacional para que seleccionen primero y elijan después a las personas con más idoneidad para tan señaladas dignidades, en cuyas manos estarán los fines últimos de la política: La convivencia civilizada y la solución de los conflictos que amenazan nuestra existencia como sociedad.

La Tribuna Pág. 5

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