Explotación sexual
INOCENCIA PERDIDA

"Desde pequeña he trabajado en la calle, vendía chicles, mangos y un día se fue la luz ... llegó un hombre me agarró la mano y me tapó la boca y me llevó a un lugar. Yo no me pude defender".
Así comenzaron los abusos contra Karla, una menor quien por años ha venido sufriendo de explotación sexual comercial. Era apenas una pequeñita de cinco años cuando fue víctima de abuso sexual, ahora tiene sólo 16, pero ha llevado toda una vida en las calles de Tegucigalpa.
Sin embargo, Karla es un caso especial, apenas un mínimo número de menores que sufren de este tipo de abusos en el país, logran escapar de la cadenas de la esclavitud que las mantienen atadas. Ella ahora se encuentra en el hogar Querubines de Casa Alianza.
En Honduras, la explotación sexual comercial de menores es un problema grave. Se trata de un sector olvidado, estigmatizado, y además, hasta ahora, el país carece de una legislación severa para castigar este tipo de delitos, de ahí que la Comisión Interamericana de la Mujer, junto a una serie de organizaciones más, tiene listo un anteproyecto de reformas al Código Penal.

Tan sólo una palabra
Hay una palabra que describe el escenario en el que sobreviven no sólo las niñas explotadas, sino también los niños, esa palabra es "espanto", señala el estudio Explotación sexual comercial de niños, niñas y Adolescentes en Honduras realizado por el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y el Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEM-H), el cual fue presentado el año anterior.

Considerada como una forma moderna de esclavitud, la explotación sexual comercial se encuentra entre las peores formas de trabajo infantil, según la calificación dada por el convenio 182 de la OIT, y está considerada la tercera actividad más rentable del mundo, después de la venta de drogas y de armas.
Es hasta hace poco tiempo que se tiene un recuento de las y los menores en esta condición en el país, después de una reciente investigación, Casa Alianza estima que son 10,000 a nivel nacional.
Se logró determinar que decenas de establecimientos comerciales entre bares y night clubes, discotecas, casas de citas, restaurantes, viviendas familiares, centros de masaje, carreteras, el crematorio del Distrito Central, salas de belleza y cafés, promueven y toleran la explotación sexual comercial de por lo menos 1,019 menores de edad.
En lugares como la Séptima Avenida de Comayagüela se vive con crudeza la explotación sexual, allí niñas y mujeres adultas, hambrientas, sucias, intoxicadas por las drogas, esperan la llegada de los clientes para hacer algunas "entradas".
Es un submundo donde convergen viejos hospedajes y hoteles, negocios de diversa índole, pero es donde de día y de noche, niñas hasta de siete años de edad son empujadas hacia el camino que las conduce al abismo de la explotación sexual.
Lugar cercano es el llamado "Los Chorritos", debido a un hospedaje que funcionaba en la zona del mercado, aparenta ser un pasaje dedicado a las ventas de sombreros, ropa, pero en realidad es un viejo sitio de prostitución donde el negocio más grande son los hospedajes que rentan los clientes de las mujeres y las adolescentes, quienes en los tiempos de poca demanda, se dedican a la venta de cualquier clase de productos.
"Esta forma de esclavitud sexual cuenta con numerosos mecanismos de reproducción y sostenimiento. Dentro de cada uno de los mercados de Tegucigalpa como de Comayagüela, hay cuartos de alquiler que son usados por clientes explotadores", dice el estudio de IPEC/OIT.
Se encontró que las menores permanecen largas jornadas en la calle, día y noche, un promedio de cuatro días a la semana, teniendo como mínimo tres contactos diarios con clientes explotadores en condiciones desiguales, expuestas a situaciones peligrosas, sujetas a ser violadas, a quedar embarazadas, al contagio de Infecciones de Transmisión Sexual, VIH/sida.
Algunas dijeron haber sido agredidas físicamente, lo mismo que heridas con arma blanca y armas de fuego, han sufrido golpizas, secuestros, violaciones por una o varias personas a la vez, estafa, robo, accidentes de gravedad, amenazas de muerte, insultos, desprecios, humillaciones, exigencias de comportamiento obceno y de prácticas sexuales que las avergüenzan, presiones para que consuman drogas y alcohol.
La zozobra y el terror sufrido en la calle quedó plasmado en las palabras de Elena, "tengo miedo por mi vida", expresó la jovencita de 16 años al ser entrevistada para el citado estudio. Su presagio se cumplió ya que finalmente murió víctima de la explotación sexual comercial en el 2002.
Las menores están desprotegidas de todo a todo, se encontró que el 81 por ciento de las entrevistadas no utilizan anticonceptivos por lo que seis habían quedado embarazadas. Una preocupación constante en ellas es poder saber con exactitud quiénes son los padres de sus hijos.


La ruta crítica hacia la
explotación sexual

Las condiciones de extrema pobreza, la desintegración familiar, el abandono, la violencia física y sexual, el maltrato, el embarazo a temprana edad, son factores comunes entre las y los menores que sufren de explotación sexual en el país.
Precisamente, la llamada ruta crítica de la explotación sexual comercial, se origina en el seno familiar. Muchas de estas menores estaban sometidas a violencia doméstica y sexual, estaban abandonadas, carentes de recursos económicos y emocionales. En su entorno social estaban expuestas a toda clase de riesgos como ser: amenazas y hostigamiento, agresiones sexuales de conocidos, por lo que se vieron obligadas a salir a la calle, donde encontraron a amigos y hasta familiares que las condujeron hacia las redes de explotación sexual comercial.
Una vez arrojadas a la calle las menores utilizan drogas desde la marihuana hasta la cocaína sin obviar las bebidas alcohólicas, para soportar el hambre, no dormirse, resistir el contacto con los clientes explotadores y desconectarse del entorno del peligro.
Esa atomización de las familias en extrema pobreza y la falta de políticas de protección social, inducen a más niños y niñas a la calle en las ciudades más populosas de Honduras.
En Honduras hay un alto número de menores en el mercado laboral, las cifras se aproximan al medio millón de niños y niñas trabajadores. Esto sucede en un país donde la mayoría de la población es joven; el 42.4 por ciento tiene menos de 15 años y un 48.6 por ciento de ese grupo es del sexo femenino.

A la par, Honduras es uno de los países más pobres de América Latina, donde siete de cada diez familias viven bajo la línea de la pobreza y la mitad de esos hogares se encuentran en extrema pobreza.
Por otro lado, IPEC/OIT estableció lo que se había venido denunciando, que la explotación sexual comercial de niñas y niños tiene vínculos con el
crimen organizado, acrecentándose a través del mantenimiento de sitios ilegales de prostitución, tráfico de drogas, tráfico de personas, explotación de niñas, niños y adolescentes por terceros para comercio sexual, espectáculos y material pornográfico, entre otros aspectos.
En el país estas actividades están vinculadas a las redes de tráfico internacional que funcionan mediante la emigración ilegal de personas menores de edad o raptos y secuestros con fines de tráfico, hacia diferentes destinos como Guatemala, Estados Unidos, el Caribe, Canadá, Japón y Europa.
"Es una actividad altamente lucrativa globalizada, que se mueve al filo de la clandestinidad y la ilegalidad, a veces manejada por las grandes corporaciones empresariales conectadas con sectores como la industria del turismo con una proyección de enormes ganancias comparable al comercio de la guerra", dice el citado estudio.

El comercio sexual en la red
En la era de la tecnología y la globalización, esta problemática tiende a agudizarse. En la red opera la delincuencia organizada. Los proxenetas, también navegan en el
"ciber-espacio" y nadie ha sido capaz de detener sus malévolas acciones.
Internet es una revolucionaria herramienta de los últimos años, uno de sus grandes atractivos es su apertura, sin restricción alguna, por lo que puede usarse de forma positiva como negativa.
Las investigaciones han encontrado que los sitios que más visitas reciben son las de sexo y pornografía. Una encuesta realizada en ciber cafés en San Pedro Sula, arrojó que de cada 10 accesos, siete eran a sitios donde se ofrece sexo y pornografía.
En el país también existe turismo sexual, aunque la explotación mayor viene de nacionales. La realizada por extranjeros es más dañina porque pagan a las menores hasta 50 dólares. Las llevan a vacacionar a lugares bonitos, regalándoles cosas y como se trata de niñas, viven la momentánea fantasía que un hombre de estos las va a honrar y respetar, dice por su lado, María Esther Artiles de Save the Children- Reino Unido.

Casa Alianza denunció cómo extranjeros ofertaban menores y jovencitas a través de la red a los turistas extranjeros. Como resultado se desbarataron dos lugares, uno en San Pedro Sula, el otro en Trujillo, y los extranjeros fueron procesados, explica el asesor legal de esa institución, Gustavo Zelaya.
Mike Wyatt y Randy Jeorgensen, ofrecían servicios de turismo sexual y pornografía por internet abusando de menores hondureños, pero usaban como pantalla un simulado estudio fotográfico en Trujillo, ambos fueron procesados, pero se fugaron del presidio de esa ciudad.
Las denuncias de por lo menos cuatro páginas de internet donde se usaban mujeres y niñas hondureñas para tales fines, fueron interpuestas en la Fiscalía, pero uno de los grandes problemas es que no se cuenta con la tecnología y la policía no está preparada para investigar este tipo de delitos.
"Hemos estado investigando la pornografía vía internet, la mayoría son personas adultas que se aprovechan la ingenuidad de las menores", explica el abogado Gerardo Sánchez de Servicios Especiales de Investigación.
El profesional del derecho está ahora trabajando en un caso en el que un hondureño residente en Estados Unidos que vino al país, sedujo a una menor de 14 años. La víctima es de clase media, muy popular y estudia en un colegio bilingüe. El caso sigue en investigación.