Remesas • $ 1000 millones se esperan para el 2003 La inmigración ilegal se ha convertido en las últimas décadas en una "gran empresa transnacional" en la que ganan los ricos y pierden los pobres; en un gran negocio que reporta millonarias ganancias a quienes han hecho de la actividad del tráfico de humanos su principal modus vivendi, y a bancos y empresas remesadoras que "hacen su agosto" cobrando altas tasas por la transferencia de dinero desde Estados Unidos a Honduras. A la vez, el fenómeno está siendo actualmente "la tabla de salvación" de la maltrecha economía de Honduras, el país más pobre de América Latina, ya que los altos montos de remesas que ingresan al país están alcanzando ya montos inimaginables para aquellos que, como el presidente Ricardo Maduro, desde su cargo de presidente del Banco Central de Honduras creían que el éxito económico del país estaba en el incremento de las exportaciones no tradicionales. Y los responsables del fenómeno son hondureños y hondureñas de escasos recursos económicos pero con ambiciones de mejorar sus precarias condiciones de vida que sin importarles la difícil travesía, deciden viajar a Estados Unidos en busca del llamado "sueño americano". Mujeres y hombres que han experimentado movilidad social y se estancan, mano de obra calificada, hombres y mujeres que sueñan con mejorar las condiciones de vida propias y de sus familias sin importar los altos costos que les representa el sacrificio, el principal, el abandono de su familia y del país que les vio nacer. Las causas de la emigración son muchas. La migración no es más que el reflejo de una situación económica grave, de una crisis económica difícil, que afecta a los que menos tienen y que buscan en otros países elevar su niveles de bienestar", dijo Juan Carlos Reyes de la Unidad de Análisis Técnicos del BCH. Reyes fue uno de los disertantes en el foro "Remesas para el Desarrollo" que se realizó en Tegucigalpa del 8 al 10 de julio bajo el patrocinio de la Asociación ANDAR, el Grupo Remesas y la Red para el Desarrollo Sostenible (RDS), entre otras. El evento sirvió para generar un amplio debate sobre un tema invisibilizado hasta la fecha a pesar de su gran impacto en la economía nacional; para reflexionar sobre el drama humano de quienes deciden abandonar su patria en busca de mejores condiciones de vida y develar el rentable negocio de las empresas remesadoras de dinero. Además, para plantearse retos de cómo ayudar a quienes ya están fuera del país, ampliar los canales de información sobre el tema a quienes aspiran irse y generar espacios que permitan un mejor uso de los millones de dólares que ingresan al país por esta vía. Economía y Remesas
Se contabilizan solamente los dineros que están siendo transferidos por empresas remesadoras y entidades bancarias, no así una buena cantidad de dólares que están ingresando al país en los bolsillos de hombres y mujeres que se dedican a la actividad o portados por familiares, amigos y otros a los cuales no tiene acceso el sector oficial. Aunque no se cuenta con cifras exactas, los responsables de esos millonarios envíos serían unos 700,000 hondureños y hondureñas residiendo en Estados Unidos, la mayoría de ellos ilegalmente. Estados Unidos solo registra oficialmente una comunidad de 300,000 inmigrantes hondureños. "El monto de estas remesas permite que el nivel de pobreza no sea mucho mayor a lo que ya tenemos, y eso es un aspecto muy positivo", dice el economista Martín Barahona. "Son montos muy sustanciales", agrega. "Las remesas anuales son dos o tres veces más de lo que recibimos por desembolsos de la deuda externa, es decir, planteó, que si utilizáramos la tercera parte o la mitad de las remesas no tendríamos necesidad de seguirnos endeudando. Con esa cantidad de remesas hasta podríamos hablar de la creación de un banco de las remesas". Causas de la migración Pero no se desconoce que una gran cantidad de hombres y mujeres se vieron
obligados a abandonar sus hogares tras ser desplazados por miembros de
la contrarrevolución nicaragüense que ocupó parte del
territorio nacional como principal centro de operación de su guerra
contra los sandinistas en el poder. Es un viaje que cuesta entre 3,000 y 5,000 dólares, aunque los montos se pueden ver sustancialmente incrementados si "el coyote" tiene contactos con personal de las aduanas de Estados Unidos quienes, aunque parezca inverosímil, "se hacen los ciegos" si les pagan por hacerlo. El costo social es invaluable. Familias desarticuladas de por vida, hijos e hijas creciendo solo con la imagen mental o la fotografía de un padre o una madre (en casos extremos de ambos), patrimonio familiar en riesgo, perdidas de vidas y violación de los derechos humanos. Si logran entrar a Estados Unidos, sus penurias continúan. El insertarse en una sociedad extraña no es nada fácil, deben comenzar por enfrentar la barrera del idioma, las costumbres culturales, la nostalgia de vivir lejos de su familia y su tierra amada, la discriminación, el abuso y la explotación laboral. La mayoría de los hondureños van para trabajar en actividades domésticas, las mujeres, y actividades agrícolas, los hombres.
"No son personas pobres, son personas que alcanzaron alguna movilidad social y se estancaron", dice Noé Pino, sobre el tema.
El calvario continúa Estas empresas están cobrando las tasas más altas de la región (de hasta el 15 y el 20 por ciento) revelaron los expositores en el foro "Remesas para el Desarrollo". Es decir que se están quedando hasta con 20 de cada 100 dólares, concluyeron. Además, el dinero es entregado a los beneficiarios en la moneda nacional y en la mayoría de las veces a un cambio que difiere hasta en dos puntos con el cambio oficial de la moneda. "Las ganancias de las remesadoras están en las comisiones y las tasas de cambio" que pagan, dice Leónidas Ávila, dirigente de una cooperativa agrícola que ha comenzado a ser parte del negocio, cobrando comisiones considerablemente más baratas que las vigentes actualmente en el mercado. Esta actividad les reporta millonarias ganancias a estas empresas que hacen de las suyas sin que sean reguladas por el gobierno. Y a pesar de este fenómeno, los beneficiarios, con las remesas que reciben, ven multiplicados hasta por 10 sus ingresos mensuales. Se estima que el 52 por ciento de los hondureños en estados Unidos envían un promedio mensual de 100 dólares, el 48 por ciento restante varía sus remesas entre 200 y 300 dólares al mes. Técnicos del BCH reconocen que las remesas constituyen un colchón que permiten amortiguar los golpes de la economía, que son recursos que permiten al país una relativa tranquilidad monetaria y que aceptan que la sostenibilidad en el tipo de cambio depende en demasía de este fenómeno. Remesas para el desarrollo No hay detalles de la capacidad de ahorro de las mismas y mucho menos de la inversión de éstas en proyectos productivos que beneficien a la comunidad. De lo que sí se está seguro es que éstos hondureños y hondureñas, que debieron huir de la patria que no les generó las condiciones para mejorar sus precarias condiciones de vida, hoy en día, paradójicamente, están manteniendo la tranquilidad económica del país con sus envíos de dinero. "Ellos hacen más por Honduras que quienes vivimos en Honduras. Hacen más que el Programa de Reducción de la Pobreza", expresó Rodulio Perdomo durante la ponencia "Remesas en el Contexto de la Emigración Hondureña: Posible Líneas de Acción" del consultor internacional Gabriel Siri. Y esta es una de las razones por las cuales se reclaman acciones que orienten el mejor uso de las millonarias remesas, a favor de quienes abandonaron la patria y quienes se quedaron en casa esperando esa ayuda para mejorar sus condiciones de vida. La Asociación ANDAR considera que los retos son muchos.
Los expertos en el tema coinciden, primero, en que el papel del gobierno se debe de limitar a generar una legislación encaminada a frenar la voracidad de las compañías remesadoras y bancos y a buscar mecanismos que garanticen los derechos de los migrantes, tanto en su camino hacia los Estados Unidos, como una vez establecidos allá. La legalización de su status migratorio debería ser una de las primeras tareas, señalan, ir más allá de la aprobación de los permisos de extensión del TPS. "Se necesita más que legalizar el TPS o una matrícula consular. Necesitamos desatar el imaginario para identificar las necesidades y los campos de acción del gobierno y la sociedad civil", dijo Perdomo. Ya se han identificado una gama de líneas de acción para alcanzar tales objetivos: educación en el uso de las remesas, reducción de los costos de envío, regulación de las tasas de cambio, promoción y creación de microempresas exportadoras de productos nostálgicos, entre otros. Pero el tema de fondo, el tema que no debemos olvidar es el rostro humano del fenómeno, recordar siempre que tras las remesas hay hombres y mujeres que contribuyen (por igual) al desarrollo de los Estados Unidos y sus países de origen, dijo el representante de la Fundación Panamericana para el Desarrollo, Dale Crowell.
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