Los pocos medios electrónicos que le dieron seguimiento
a este tema, lo hicieron de forma superficial, mientras que los
escritos, se limitaron a hacer publicaciones pequeñas que
situadas en lugares poco estratégicos permitieron mantener
a un público alejado de la verdad.
En el juicio se presentaron pruebas contundentes que determinaban
la culpabilidad de Ellner, sin embargo la prensa en ningún
momento publicó tales documentos, lo que en opinión
de Mejía deja en duda si los comunicadores sociales ocultaron
información por evitarle una vergüenza al periodismo
nacional o por ayudar a Romero Ellner.
La carestía de libertad de expresión jugó
un papel preponderante en este caso, ya que lejos de la autocensura
a la que muchos periodistas incurrieron, a otros, los dueños
de los medios les prohibió su cobertura debido a los nexos
económicos o de
filiación política existentes entre ellos y Romero
Ellner, pues para entonces, este periodista había alcanzado
su gloria en el periodismo.
“si se hubiese tratado de un delito de violación
de cualquier ciudadano, habría alguna manera de justificar
por qué silenciar el hecho, pero como se trataba de una
persona que tenía un papel protagónico por ser periodista
y representante del pueblo, indudablemente que el manejo de la
información debió ser diferente”, aseguró
a REVISTAZO.COM, una reconocida periodista que prefirió
el anonimato por temor a represalias, ya que ella fue una de las
comunicadoras sociales a quien se le censuró la amplia
cobertura de esta noticia debido a la amistad que el dueño
de su medio sostenía con Romero Ellner.
Se
cae un mito periodístico
Los pocos espacios de denuncia que se abrieron en este caso, sirvieron
para ejercer presión y evitar que un crimen tan deleznable
quedara impune. Durante su desarrollo, la manipulación
que se quiso hacer de la justicia, permitió que surgiera
la
confusión de si David era culpable o víctima del
gobierno.
“Cuando David acepta negociar la pena, confiesa su delito,
entonces se cayó un mito en los periodistas que lo defendían
y que ahora se llaman al silencio ya que éste no es un
caso que dignifique al periodismo”, asegura la periodista
Mejía, al tiempo que
añade “el caso David, es el principio del fin de
la impunidad de los periodistas”.
Para las organizaciones de mujeres, con todo esto se establece
un precedente tanto a aquellos funcionarios como a algunos periodistas
que utilizando sus posiciones pisotean la dignidad de los demás.
Muchos periodistas ven en su profesión una caparazón
que les mantiene inmunes de pagar delitos que van desde las calumnias,
injurias, extorsión, hasta caer en los de abuso sexual,
sin embargo para nuestra entrevistada anónima, este caso
abre la puerta para que tanto el ciudadano común como organizado
comience a exigir transparencia, veracidad y sobre todo ética
a quienes tienen por objetivo informar y formar a un pueblo.
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