QUIERO
extender mi mano
al más ne
cesitado

"Vino a Jesús un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio". Marcos 1:40-41.

Jesucristo enfocó su atención ministerial primordialmente a los marginados, que han sido y son las mayorías. Viudas, huérfanos, minusválidos, leprosos, endemoniados, lunáticos, enfermos y pobres fueron sus más frecuentes beneficiarios (Mateo 4:24).

Todas las personas de esas condiciones sociales se caracterizan por su falta de poder para reclamar sus derechos, exigir atención o cambiar sus condiciones de vida. Además, en muchos casos han sido excluidos del amparo de sus propias familias, de la sociedad en general y hasta de algunos grupos religiosos. Su liderazgo es casi inexistente, llegando casi a ser invisibilizados por falta de quien abandere sus causas.

Los marginados sociales han sido convertidos en elementos poco atractivos para los ansiosos de notoriedad. Quienes acostumbran tocar trompetas frente a su caridad y publicar ante su izquierda lo que hace su derecha, califican de poco productivo hacer misericordia con personas tan ignoradas, de poca rentabilidad publicitaria y sin ninguna esperanza de productividad.

Sin embargo, a aquellos que eran rechazados, Jesús los buscó y aceptó. Notó cuán baja estaba la autoestima de aquellos que se inclinaban, postraban su rostro a tierra, se acercaban temerosos, clamaban a voz en cuello y rogaban en nombre de Dios un favor.

Pero el Señor fue más allá. Los sanó, ayudó, limpió, y los tocó con sus propias manos! Con ese contacto físico les mostró buena voluntad para ayudarles y les transmitió su sincera compasión y solidaridad. Nunca se conformó con contemplar el dolor. Su misericordia se convirtió en sanidad, alivio, restauración, bendición y salvación.

A los cristianos nos queda seguir las pisadas del Maestro. Hay que salir de nuestras islas de comodidad personal y dejar ese escudo que materializa el refrán "ojos que no ven, corazón que no siente". Jesús recorría ciudades y aldeas y así conocía las dolencias y carencias del pueblo. Aun en la bulliciosa ovación de la multitud su oído estaba atento al clamor de un minusválido (Mateo 20:29-34).

Interesante es que en los criterios del juicio de las naciones (Mateo 25:31-46) se establece que dar comida, agua, ropa o simplemente visitar a uno de los más necesitados es como hacerlo a Jesús mismo. "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis".

Quizá, como individuos, no somos responsables de solucionar todos los problemas sociales de todos los marginados, pero sí se nos manda ayudar a facilitar una vida más digna a los que están más próximos a nosotros. Los enfermos mentales son algunos de ellos... menos de 300 en el Hospital Psiquiátrico Santa Rosita de Amarateca.

Extenderá su mano y tocará con su caridad a estos pacientes? Jesús sí quiso. Usted también diga: Quiero!

www.revistazo.com
14/6/02

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