Lo anterior, Luis lo narra en respuesta a la pregunta sobre supuestos
malos tratos que se asegura, las empresas de comidas rápidas
brindan a los empleados, "hay unos gerentes que si lo tratan
bien a uno y otros lo tratan de hostigar a uno, lo tratan de perros,
como ellos quieren, a uno lo insultan, lo humillan ya que quieren
que uno haga las cosas rápido", asegura.
Pero Luis completa lo anterior con la narración que hace
acerca de la forma en la que fue despedido, sin cancelársele
las prestaciones laborales que por laborar para Burger King le
correspondían y que ascienden a L. 20, 185.43, (veinte
mil ciento ochenta y cinco lempiras con cuarenta y tres centavos),
equivalentes a ($ 1,084.07)
"A mi se me sacó del restaurante, a mi me dijeron,
usted ya no trabaja para la empresa y el abogado de la empresa
tiene sus derechos", añade que ante la noticia anterior,
él solicitó por escrito su despido, obteniendo por
respuesta que esa también era una forma de despedir al
personal.
Al igual que al resto de los protagonistas de esta historia,
a Luis se le dio la orden de abocarse al bufete Leitzelar y solicitarle
a Alfredo Saavedra, apoderado legal de INTUR, sus respectivas
prestaciones.
Asegura que la respuesta que obtuvieron de Saavedra fue la misma
que la vertida al resto de los afectados,"yo no se porque
los han despedido", agregando además que el apoderado
legal de INTUR dijo, "el caso de ustedes es ganado, porque
el caso de ustedes es ilegal".
Junto a sus compañeros, se enfrascó en la odisea
de pelear sus derechos laborales; el primer profesional del derecho
que fungió como apoderado legal les abandonó el
caso, hasta que determinaron traspasarle el poder a otro.
A raíz de los vanos esfuerzos por obtener un nuevo empleo
en Tegucigalpa, Luis decidió trasladarse a San Pedro Sula
a buscar nuevos derroteros, en espera de que muy pronto se haga
justicia para él y sus ex compañeros de empresa
y se les resarza lo que la ley establece.
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