Ultima actualización Jueves 20 Octubre, 2005 11:43 AM
 

 

Lucha diaria en Renaciendo:

Ocio Vrs. Ocupación


Como no hago nada, me pongo a dibujar, dijo un joven cuyo sueño es estudiar en Bellas Artes.

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“Aprender sin hacer nada”, podría describirse como el lema que se lleva a la práctica en Renaciendo. De los cerca de 200 internos que hay en el centro, un porcentaje muy pequeño recibe diariamente sus clases, el resto de los muchachos pulula en medio del ocio y las malas prácticas.

Las terapias de grupo, las charlas y programas de capacitación son la ausencia mayor que existe en Renaciendo. “Eso es precisamente lo que nos preocupa a nosotros, porque aquí no hay programas de rehabilitación”, dijo a Revistazo.com, Napoleón Padilla en su condición de Director Interino del centro.

Padilla asegura con el panorama anterior a los jóvenes se les obliga a refugiarse en su mundo, en idear mecanismos de fugas y cualquier otra ocupación que no abona a su recuperación.

“Si aquí se les mantuviera ocupados, con estudios, talleres o deportes, evitarían pensar solo en la manera de cómo escapare o esperar a que se le caigan las llaves al guardia para irme, porque toda la noche maquinan esas cosas y en el día pasan durmiendo”, dijo uno de los maestros Renaciendo que prefirió obviar su nombre.

Para el Coordinador de la Comisión Sub Gerencial Interventora del Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia, IHNFA, Alex Moraes, el problema de Renaciendo y de otros centros de internamiento de menores, es la falta de presupuesto que ayude, entre otras cosas, a poner en práctica programas que puedan desarrollarse, pero con gente capaz.

“Básicamente los orientadores que nosotros tenemos, se convirtieron en vigilantes porque el orientador no tiene capacidad de trabajar con un niño que tiene una problemática sumamente grave”, acotó Moraes.

“Como no hago nada…me pongo a dibujar”

  “Hey usted mire mis dibujos ”, fue el grito que se escuchó al fondo y que captó nuestra atención mientras recorríamos las instalaciones de uno de los módulos de Renaciendo.

Era el grito de Elías Soto, un joven de 17 años de edad y quien ha encontrado en el dibujo el refugio que le hace olvidar momentáneamente la pesadilla que vive en Renaciendo.

Elías está desde hace más de un año en este centro acusado de pertenecer a una “mara”. Sin embargo cada minuto que transcurre en Renaciendo lo utiliza trazando sus ideas con los escasos lápices y el papel que sus maestros le proveen para hacerlo.

¿Es así como ves la vida?, le preguntamos mientras nos mostraba los impecables dibujos de unas rosas, las que sin una técnica en particular plasmó sobre unas hojas de papel. “Yo no se”, dijo, “las hago porque me gusta dibujar y porque aquí no tengo nada que hacer”, agregó.

Mientras nos mostraba sus obras y nos narraba las peripecias vividas en este centro, Elías guardó silencio por unos segundos, levantó su rostro y su mirada se clavó en el horizonte para después, decir, “me gustaría algún día estudiar en Bellas Artes”.

Aunque a este joven aun le falta cumplir parte de su condena y pese a que en sus ratos de ocio se entretiene dibujando le envía un mensaje a las autoridades de Renaciendo.

“Que se preocupen por darnos calidad, porque aquí solo pasamos perdiendo el tiempo y muchos tienen tantas cosas buenas que hacer y que dar”.


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