. Policías reciben pago para dejar escapar delincuentes capturados
. Policías informan a los pandilleros de los operativos
. Los puchos tienen nexos con la policía en Nueva Suyapa
Eran las 12: 30 del mediodía y en una zona desolada de Comayaguela, de repente, con sus manos entre las bolsas de sus amplios pantalones apareció de un callejón nuestro entrevistado, un joven a quien por razones obvias llamaremos Jorge.
Jorge tenía 15 años de edad cuando ingresó por primera vez a “la mara de los 20”, una pandilla poco conocida, pero que al igual que las demás, estaba conformada por jovencitos que cometían actos delictivos.
Para cuando entrevistamos a Jorge, ya había cumplido los 23 años de edad y aseguró a este medio de comunicación que su vida dentro de la “mara de los 20” había llegado a su fin con la conformación de su matrimonio, mismo que actualmente lo ha hecho padre de dos pequeños retoños
Jorge nos contó que la mayor parte de los miembros originales de la pandilla ya habían fallecido abatidos por la policía mientras delinquían, sin embargo aseguró que los que aun quedan, continúan haciendo de las suyas en la Colonia Nueva Suyapa de Tegucigalpa.
“Yo miraba como a ellos los respetaban y yo quería que también me respetaran”, expuso Jorge, como la razón de mayor peso que lo orilló a formar parte de la pandilla.
Agrega que la mayor parte del tiempo, sus compañeros portaban armas, pues al dedicarse a esas actividades su vida permanecía en constante peligro.
Sin embargo Jorge asegura que un peligro mayor que la policía o que los mismos vecinos enardecidos, era para ellos el resto de las pandillas que en la zona operaban y siguen operando.
Una de ellas era “la mara de los puchos”, conformada por niños que era fieles admiradores y seguidores de “la mara 18”. “Ellos eran unos niños, pero si les gustaba robar, eran unos niños los puchos, ellos robaban radios de carros, piezas de carro”, dijo.
Sin embargo los que para ese entonces era niños fueron creciendo no solo en estatura y edad, sino también en las destrezas y habilidades que los harían expertos en el arte de robar y matar.
“Siempre que nos miraban a nosotros se metían a problemas con nosotros porque ellos siempre han sido simpatizantes de la mara 18”, recuerda Jorge, al tiempo que enumera los nombres de los “cipotes” que en ese entonces integraban la pandilla y que aun siguen con vida.
“Los que están con vida son el Junior, el Chelito, Pucho, Cris, Junior es el mismo pucho lora, Chago, Pelazón, el Guicho, el Chicho y ellos operan en la Colonia Kennedy, El Hato, Prados Universitarios, y la mayor parte del tiempo aquí en la Colonia Nueva Suyapa”, aseveró el entrevistado.
Para Jorge la vida de los vecinos de este sector está en constante peligro, pues estos jóvenes matan por robar y en ocasiones por simple placer.
“Ellos empezaron a amenazarnos y a un hermano mío lo golpearon y le quisieron quitar las cosas, entonces él, yo vivía ahí donde viven ellos y yo dejé mi hogar botado porque no puedo alquilar al lado de mi familia porque yo los conozco a todos y yo se dónde ellos se llevaban, dónde asaltan y todo eso”, dice
Asegura entrevistado
“Mara de los puchos tiene vínculos con la Policía.”
De acuerdo al testimonio de Jorge, la captura o disipación de esta pandilla será un reto muy grande, pues aparte de que ellos han sido adiestrados en el “arte de la guerra”, tienen nexos muy cercanos con la misma policía
“Yo conocí bastante de armas porque a nosotros nos llevaban así en lugares, las postas, usted sabe y todo eso, nos enseñaron a manejar armas, como se desarma un arma, como se vuelve a armar, como se utilizaba”, asevera Jorge.
Agrega “Cuando hay uno operativo en Suyapa a ellos (los pandilleros) los llaman los mismos oficiales de la DGIC, se les avisa de que se vayan porque va a haber un operativo en la colonia, entonces ellos se van por eso no los han capturado”.
¿Pero por qué protegen los policías a los delincuentes? Es la pregunta obligada a la que Jorge responde. “Pues les dan dinero, si un oficial les dice, fíjate que necesito mil pesos, dos mil pesos, ellos se los dan y los dejan en libertad”, manifestó Jorge.
Jorge asegura que estos “niños”, matan incluso por encargo y aseguró además que reciben pago de personas particulares y hasta de los mismos policías y que la tarifa para matar a alguien ya está establecida. “De 15 mil a 25 mil es el pago”, dijo.
A cambio de dinero y dejarlos en libertad
Policías no inscriben jóvenes capturados en estaciones policiales
Una de las denuncias más constantes de los vecinos de la Nueva Suyapa, es el hecho de que cuando los jóvenes son capturados delinquiendo y son trasladados a las estaciones policiales de las colonias, éstos nunca son llevados a las instancias correspondientes para comenzar un proceso de enjuiciamiento.
Sin embargo Jorge tiene una respuesta para ello. “Los mismos oficiales los capturan y ellos les dicen, mirá teniente te voy a dar ésto y dejame libre y no me pongás en el libro”.
Para este joven, ese es el diario accionar de los policías que sin escrúpulos anteponen sus intereses a la seguridad de los habitantes de esta colonia, quienes a gritos piden se erradique la delincuencia.
De acuerdo a las declaraciones de este joven, los policías que se prestan a ese tipo de actos de corrupción, reciben entre tres y cinco mil lempiras para dejar en libertad a quienes caen presos en las redadas.
Y este es, en opinión no solo de Jorge, sino de los pobladores de la zona, uno de los mayores problemas que evitan que a los menores infractores y a los adultos que delinquen se les inicie el procedimiento judicial que los hará pagar su culpa como la ley establece.