Desde hace meses atrás, María Josefa Lanza, decidió cambiar las frías aceras de las calles por el modesto hospedaje que le proporciona la vetusta casa donde funciona el Centro de Día y Reposo, CEDER.
Sentada en un cómodo sillón, María Josefa Lanza, de 66 años de edad, observaba silenciosamente el ingreso de las personas al asilo de ancianitos. La sorprende la visita pues asegura que desde su estadía en el lugar, pocas son las personas que llegan a verlos.
Ella misma es un vivo ejemplo de lo anterior. En su juventud tuvo siete hijos, cinco de ellos ya fallecieron, de los dos restantes solo uno la visita cuando se acuerda que tiene madre.
“Desde que estoy acá no viene, la otra pasa enferma, ella tienen sus hijas, yo no tengo visita de nadie.”, agrega.
María ignora el motivo de la presencia de periodistas y otras personas en el lugar. Sin embargo al enterarse de la relación de la presentación de un informe sobre gastos excesivos de los políticos hondureños y las condiciones casi deplorables del asilo en el que se encuentra, se apresura a decir lo siguiente:
“Aquí bendito sea el señor que siquiera tenemos la alimentación, el techo, aseo de ropa, pero le voy a decir que desde que yo estoy aquí, no he llegado a escuchar que el gobierno presta cooperación, este local lo habilitó Aguas Ocaña para los ancianitos, pero fue ella no el gobierno, de ahí nada tenemos de ellos”, dice.
María, una de las ancianitas más lúcidas del asilo y con mucha serenidad agrega, “ese montón de pisto deberían dárnoslo a nosotros que aquí ni medicinas tenemos, a veces ellos tienen que conseguir comida porque ni para comer hay”.
El asilo cuenta con más de 30 ancianitos, más una docena que llega todos los días solo a almorzar, sin embargo para sufragar las necesidades de los viejecitos se carece de un presupuesto por parte del Estado o de entidades particulares, muy al contrario sobreviven de la cariad de algunos grupos particulares o de personas que aún conservan un noble corazón.
Al finalizar María muy puntual, hizo un llamado de atención a todos los hondureños a través de una reflexión.
“Yo alguna vez estuve joven pero todos vamos donde ahora estoy”.