La fuga invisible
de la red
Cuando la ENEE envía electricidad a la red, no sabe exactamente cuánto regresará como ingresos pagados. La brecha entre lo que sale y lo que se cobra se llama «pérdidas». Una palabra fría para describir algo simple, dinero que nunca llega.
Para encontrar dónde se concentra parte de ese problema, Revistazo dejó de mirar únicamente la cifra nacional y siguió la electricidad dentro de la red.
Cada mañana Honduras se enciende mucho antes de que la mayoría piense siquiera en electricidad
Una maquila comienza a producir en Villanueva, una pulpería abre sus puertas en Quimistán, un centro de salud conecta sus equipos y miles de familias preparan el desayuno antes de salir a trabajar o estudiar. Todas esas actividades tienen algo en común, necesitan electricidad para funcionar.
La electricidad está ahí. Se presiona un interruptor y la luz aparece. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano existe un recorrido mucho más grande, y es que la energía debe producirse, transportarse y distribuirse hasta llegar a los hogares, comercios, instituciones e industrias. Y en ese camino, una parte de la energía que entra al sistema no logra convertirse en ingresos para sostener la red.
En 2025, estas pérdidas totalizaron más de 15 mil millones de lempiras. Eso es aproximadamente 600 millones de dólares, evaporados de un sistema eléctrico ya frágil. Potencia Honduras estima que esas pérdidas de energía representaron el 35 por ciento del sistema nacional. En su portal, la iniciativa resume el tamaño del problema de una forma todavía más sencilla: alrededor de 50 millones de lempiras se pierden cada día en el sistema eléctrico.
La magnitud del problema se entiende. Lo que permanece turbio es casi todo lo demás.
¿Dónde va realmente la electricidad? ¿Cuánta es robada? ¿Cuánta se disipa por una infraestructura envejecida y corroída? Y quizás lo más preocupante: ¿quién carga con el costo cuando la empresa nacional no puede recuperar lo que distribuye?
Potencia Honduras registra L542 en pérdidas cada segundo
Eso es lo que se habría perdido solo durante el día de hoy, desde las 00:00 hasta este momento. Si el ritmo continúa, al final del día la cuenta rondará los L50 millones.
Para saber dónde se pierde, primero hay que seguir el camino que recorre la electricidad
La red eléctrica no funciona como una sola carretera. Está dividida en circuitos que llevan energía hacia diferentes zonas del país. Cada uno abastece a determinados municipios, comunidades, comercios, industrias y hogares.
Por eso, seguir la ruta de los circuitos permite ver más allá de la cifra nacional de L15 mil millones y llegar a lugares concretos, donde es posible observar cuánto entra, cuánto se registra como pérdida y cuánto representa esa diferencia en dinero.
De los 183 circuitos eléctricos que se pueden consultar a nivel nacional en Potencia Honduras, Revistazo siguió cinco que estuvieron entre los que registraron mayores pérdidas económicas durante 2025.
NCO32L64, MAS32L52, VNU32L24, PAV32L68 y VNU32L91
A simple vista, pueden parecer códigos o contraseñas difíciles de recordar. Pero detrás de esas combinaciones de letras y números hay territorios conocidos como: Villanueva, Choloma, La Lima, Quimistán, El Progreso, Tela, Nacaome y decenas de comunidades.
Solo estos cinco circuitos registraron en 2025 pérdidas valoradas en aproximadamente L1,545 millones.
¿Qué es un circuito?
No hace falta saber de electricidad para entenderlo. Un circuito es, en términos sencillos, una de las rutas por donde la energía viaja desde una subestación hasta hogares, negocios, escuelas, hospitales e industrias.
Así como una ciudad tiene diferentes calles para conectar distintas zonas, la red eléctrica tiene diferentes circuitos para llevar energía. Algunos abastecen pequeñas comunidades. Otros sostienen importantes zonas industriales, comerciales y logísticas. Y en algunos de ellos las pérdidas son enormes.
LA RUTA DE LA PÉRDIDA
Para reconstruir este recorrido, Revistazo revisó documentación producida por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) relacionados con el subsector eléctrico, además de la información disponible en Potencia Honduras, una iniciativa que reúne y traduce datos del sector para acercarlos a la ciudadanía.
La información permitió identificar cinco circuitos y seguir sus pérdidas durante 2025. La ruta comienza en el norte del país, pasa por corredores donde convergen actividad industrial, comercial y logística, baja hacia el sur y finalmente vuelve a una zona que ya había aparecido al inicio del recorrido.
El mapa que veremos comienza a contar una historia que los números por sí solos no muestran. Detrás de cada kWh perdido hay un costo para el sistema eléctrico y, en última instancia, para las finanzas públicas. Estos son los cinco circuitos que concentran las mayores pérdidas, tanto en energía como en su equivalente en lempiras.
El recorrido comienza con NCO32L64, el circuito que registró la mayor pérdida económica entre los cinco analizados. Abastece ocho municipios de Cortés y Santa Bárbara: Concepción del Norte, Macuelizo, Petoa, Quimistán, San Luis, San Marcos, San Pedro Sula y Trinidad.
Son territorios conectados a una intensa actividad económica, con municipios donde conviven comercio, producción, servicios, transporte y hogares que dependen diariamente de la electricidad.
Durante 2025, este circuito registró pérdidas de 56.24 por ciento de kWh. En dinero, eso representó 430.7 millones de lempiras que no se convirtieron en ingresos para el sistema eléctrico.
La cifra equivale a más de 1.18 millones de lempiras perdidos cada día. Antes de comparar porcentajes, este primer punto deja claro el tamaño económico del problema: un solo circuito puede concentrar cientos de millones de lempiras en pérdidas en un año.
A partir de aquí, el mapa permite seguir cómo esa pérdida cambia de forma según el territorio, el volumen de energía que circula y el tipo de actividad que depende de la red.
La segunda parada sigue en el norte, en otro corredor económico clave.Choloma, El Progreso, La Lima, Puerto Cortés y Tela forman parte del recorrido de MAS32L52. En estos municipios conviven producción industrial, comercio, logística, actividad portuaria y miles de hogares. Es una zona donde la economía se mueve a ritmo acelerado, donde camiones cargados de mercancía transitan constantemente, donde contenedores se apilan en los puertos y donde las fábricas nunca duermen.
La electricidad es una parte invisible pero indispensable de esa actividad: mantiene funcionando maquinaria pesada, establecimientos comerciales, sistemas de refrigeración que preservan productos perecederos, centros logísticos que coordinan operaciones regionales, y las viviendas de miles de familias que dependen de esa energía para trabajar y vivir.
Pero esa energía no siempre se recupera económicamente en su totalidad. El dinero que debería entrar a las arcas de la ENEE simplemente desaparece en el camino.
En 2025, MAS32L52 registró pérdidas de 54.16 por ciento de kWh, valoradas en 305.1 millones de lempiras. Son cifras que revelan una hemorragia en uno de los circuitos más vitales del país. El circuito ocupa el segundo lugar entre los cinco analizados por monto económico, apenas por debajo de NCO32L64.
Y a estas alturas del recorrido, aparece otra señal inquietante: los circuitos con mayores pérdidas no están concentrados en un único punto geográfico ni en un tipo específico de territorio. Hasta aquí hemos seguido principalmente el norte del país, recorriendo sus zonas más productivas y prósperas.
Antes de salir del norte, aparece el circuito con el mayor porcentaje de pérdida.VNU32L24 abastece Villanueva, El Progreso, Pimienta y San Manuel. Es una zona donde conviven hogares, comercios, maquilas, plantas de producción, centros logísticos y cuartos fríos—una red densa donde la actividad industrial y humana colisionan en demanda perpetua de electricidad.
En 2025, este circuito perdió el 58.99 por ciento de sus kilovatios-hora. Es el porcentaje más alto entre los cinco circuitos analizados. En términos económicos, eso significó 287.3 millones de lempiras que simplemente nunca se convirtieron en ingresos para la empresa.
La presencia de estas actividades ayuda a entender por qué en este circuito circula una cantidad importante de energía. Lo que muestran los datos es cuánto de esa energía terminó contabilizándose como pérdida.
Pero aquí aparece la sorpresa central: el mayor porcentaje no necesariamente significa la mayor cantidad de dinero perdido. NCO32L64, con un porcentaje menor, representó una pérdida económica más alta porque por él circuló mucha más energía.
Ahora la ruta sale del norte y cruza hacia el sur.El circuito PAV32L68 cambia la escala del recorrido. Abarca 23 municipios distribuidos entre Choluteca, Francisco Morazán, La Paz y Valle—territorios del sur y centro del país como Choluteca, Nacaome, Pespire, Langue, Amapala, Goascorán, Alianza y otros municipios que representan una geografía muy diferente a la del norte industrial. Aquí hay menos maquilas y puertos, más agricultura, ganadería y comercio local. Comunidades donde la electricidad alimenta tiendas pequeñas, clínicas rurales, molinos de grano y hogares dispersos en el territorio.
Aquí las pérdidas fueron de 43.06 por ciento de kWh durante 2025 y representaron 266.4 millones de lempiras. El porcentaje es menor que el de los tres circuitos anteriores, pero el monto sigue revelando la dimensión económica que puede alcanzar la pérdida dentro de un solo circuito. En el sur, donde menos recursos hay, también se pierden cientos de millones.
Esta parada cambia fundamentalmente la lectura del mapa: el problema no pertenece exclusivamente a una región ni a un tipo de actividad económica. No es solo asunto de zonas industriales ni solo de municipios pobres. Los cinco circuitos analizados atraviesan realidades completamente distintas entre sí—desde puerto hasta pueblo, desde fábrica hasta finca. Y en todos ellos, la electricidad desaparece sin ser pagada. Muestra que el problema también alcanza otros territorios, que no hay refugio de esta crisis en ningún rincón del país.
Y todavía queda una última parada.Después de viajar hacia el sur, siguiendo la electricidad a través de decenas de municipios, la ruta regresa a un lugar que ya conocemos: Villanueva. Pero esta vez con una revelación importante: una misma zona puede estar conectada a más de un circuito.
Villanueva aparece nuevamente, ahora junto con La Lima y San Manuel dentro del circuito VNU32L91. No es la misma ruta eléctrica por la que circulaba VNU32L24. Es otra red, otros transformadores, otros cables que alimentan la misma geografía desde diferentes puntos de la red nacional. Volvemos a una zona donde hogares, comercios, maquilas e industrias dependen diariamente de la electricidad para funcionar, pero esta vez por una vía distinta.
Durante 2025, este circuito registró pérdidas de 46.45 por ciento, que representaron aproximadamente 255.3 millones de lempiras. Significa que incluso en la misma localidad, la crisis eléctrica se multiplica a través de diferentes circuitos, diferentes rutas, diferentes puntos de fuga en la red.
Con esta quinta parada termina el recorrido por los cinco circuitos que concentran las mayores pérdidas económicas del país. La investigación ha viajado desde el norte industrial hasta el sur agrícola, tocado la costa, atravesado municipios urbanos y rurales, y regresado al punto de partida. Lo que queda ahora es sumar todo lo encontrado.
Lo que parece una serie de códigos alfanuméricos dispersos en una base de datos se convierte, al sumar sus pérdidas, en una cifra que cambia completamente la dimensión del problema.
NCO32L64, MAS32L52, VNU32L24, PAV32L68 y VNU32L91. Códigos que nadie memoriza, que la mayoría de hondureños nunca verá ni pronunciará. Pero cuando se suman, revelan un agujero de casi 1,600 millones de lempiras en apenas cinco de los 183 circuitos del país. Son territorios reales, millones de personas, miles de negocios, y cientos de millones de lempiras que simplemente desaparecen cada año sin que nadie pueda explicar exactamente dónde van.
Un circuito puede perder más dinero aunque no tenga el mayor porcentaje
El porcentaje dice qué parte de la energía se perdió dentro de cada circuito.
Los lempiras muestran otra cosa: cuánto dinero dejó de recuperar el sistema. Por eso aquí el orden se lee de mayor a menor pérdida económica.
El porcentaje más alto no es el primer lugar en dinero
VNU32L24 tiene el porcentaje más alto: 58.99 %. Pero NCO32L64 perdió más dinero: L430.7 millones en 2025.
La diferencia está en la energía perdida. NCO32L64 acumuló 95.6 GWh perdidos, más que cualquier otro circuito de este grupo.
Al sumarlos, la escala cambia
Estos son apenas cinco de los 183 circuitos consultables. Aun así, juntos acumulan alrededor de L1,545 millones en pérdidas durante 2025.
La gráfica muestra cómo esos códigos se convierten en territorios concretos donde el dinero no regresó al sistema eléctrico.
Antes de buscar culpables, hay que entender qué significa «pérdida»
Los datos permiten identificar cuánto pierde un circuito y dónde ocurre esta pérdida. Pero por sí solos no permiten determinar qué proporción corresponde a cada causa. Una pérdida registrada no permite afirmar automáticamente que hubo robo.
Una parte está relacionada con pérdidas técnicas producidas por la propia red: líneas, transformadores, equipos e infraestructura que generan pérdidas durante la distribución. Son costos inevitables en cualquier sistema eléctrico.
Otra parte corresponde a pérdidas no técnicas: conexiones irregulares, medidores alterados, problemas de medición o facturación y energía consumida cuyo valor nunca se recupera. Estas son mucho más grandes. Aquí hay intención detrás de las cifras.
De los 3,322 GWh contabilizados en estas dos categorías, dos tercios son responsabilidad humana, no de la física. Encontrar un circuito con alto porcentaje de pérdidas no significa automáticamente que toda esa pérdida sea producto de robo. Lo que permite hacer el dato es identificar dónde el problema es mayor y dónde se necesita investigar qué está ocurriendo.
LA PÉRDIDA NO TERMINA EN EL CIRCUITO
Para la mayoría de los hondureños, la relación con la electricidad parece sencilla: llega el recibo, se paga y se espera que el servicio funcione. Esa transacción cotidiana oculta una realidad mucho más compleja.
Detrás de esa factura existe un sistema que necesita recursos para operar, mantener la red, realizar inversiones y mejorar el servicio. Cada transformador que se deteriora, cada línea que necesita reemplazo, cada ampliación de cobertura requiere dinero que debe venir de algún lado. Cuando la ENEE no recupera una parte importante del valor de la energía que distribuye, enfrenta una presión financiera creciente. Y cuando sus problemas requieren recursos públicos para sostenerla, el impacto deja de estar únicamente dentro de la empresa y alcanza las finanzas del país entero.
No significa que cada lempira perdido hubiera terminado automáticamente en una escuela, un hospital o una carretera. Significa algo más sutil pero igual de dañino: los recursos destinados a sostener un sistema deficiente compiten directamente con presupuestos que deben responder a otras necesidades vitales como salud, educación, seguridad e infraestructura. Cada lempira que desaparece en pérdidas eléctricas es un lempira que no llega a donde más falta hace.
Pero el efecto también penetra la vida diaria de formas que no aparecen en ningún balance. Para un pequeño negocio que opera con márgenes ajustados, una interrupción eléctrica puede significar productos dañados, ventas que nunca se realizaron, o gastos adicionales para mantener sus operaciones funcionando. Para una familia, significa seguir pagando su factura puntualmente cada mes mientras espera un servicio que se deteriora. Para una empresa industrial, puede significar invertir millones de dólares en sistemas de generación propia solo para asegurar que su producción nunca se detenga.
La pérdida eléctrica, entonces, no es solamente un dato abstracto dentro de un circuito. Es un problema que se multiplica a través de toda la sociedad, que tiene consecuencias mucho más amplias de lo que sugieren los números.
DE LOS 183 CIRCUITOS, UNO PUEDE SER EL SUYO
Potencia Honduras permite consultar 183 circuitos eléctricos a nivel nacional. Allí cualquier persona puede buscar su municipio, colonia o dirección y conocer qué porcentaje de pérdidas registra el circuito que abastece su zona.
Después de recorrer Villanueva, Quimistán, Choloma, La Lima, Puerto Cortés, Nacaome y otros municipios, la pregunta vuelve al punto de partida:
¿Qué está pasando con la electricidad que llega hasta su comunidad?
Buscar mi circuito →LA ELECTRICIDAD HACE SU RECORRIDO, EL DINERO NO SIEMPRE.
Cada noche, millones de hondureños regresan a casa y vuelven a presionar un interruptor. La luz se enciende. La electricidad hizo su recorrido.
Pero los datos muestran que, en demasiados puntos de la red, el dinero no completó el mismo viaje.
Y eso deja una última pregunta:
¿Cuánto tiempo puede seguir creciendo esta pérdida?
Antes de salir, recuerde apagar la luz. La energía también se cuida desde casa.
